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el compromiso real con el cambio


En una de la biografías del malogrado y mercantilizado ídolo juvenil de la izquierda, Ernesto “Che” Guevara se citaba una curiosa anécdota de su primera juventud en la que se relataba cómo, mientras que en Argentina se estaban produciendo numerosas manifestaciones de estudiantes él se negaba a participar al considerarlas completamente inútiles. Cuando le preguntaban porque no participaba si compartía sus reivindicaciones, contestaba algo así:- Yo no voy a ir mientras que no tenga los mecanismos para poder enfrentarme a mi adversario en igualdad. Si ellos tienen tanques, yo debo tener tanques, si ellos tienen armas yo debo tener armas si no lo único que puedo conseguir es que me lastimen inútilmente.

Salvando la belicosidad que se desprende de esta afirmación si me gustaría destacar esta anécdota como un buen planeamiento socialista sobre la relación entre los fines y sus medios para alcanzarlos. De esta manera un medio de lucha como una manifestación debe ser usado como repuesta a una reflexión previa sobre los fines que se pretenden y sólo en aquellos casos en que ésta pueda contribuir de alguna manera a alcanzarlos.

Actualmente, estamos viviendo un período donde los movimientos que se proclaman como auténtica izquierda transformadora muestran una carencia absoluta de reflexión en torno a sus fines y la determinación de todos los medios existentes para alcanzarlos.
Así, los denominados movimientos sociales que se sitúan aparentemente a la izquierda de los partidos, se hayan atrapados entre la incapacidad manifiesta de liderar un cambio real y su rechazo a cualquier participación dentro del sistema político “oficial” conscientes que ésta aunque podría ayudar a conseguir sus fines rebajaría sus gran parte planteamientos maximalistas perdiendo gran parte de su pequeña masa de apoyo.

Esto también provoca que el debate sobre los fines y los diferentes medios para alcanzarlos quede aparcado y se antepongan la visibilidad de los medios como las manifestaciones que ayudan aumentar la masa de apoyo a otras acciones que podrían ser más efectivas para lograr el cambio.
La urgencia por aumentar la masa de apoyo, lleva también, a la flexibilización de sus mecanismos de participación como las asambleas abiertas sin comisiones de trabajo permanentes o directamente las convocatorias vía Internet/SMS de sus movilizaciones sin informar en el mismo nivel de otras actividades de reflexión.
Todo esto, está aderezado por el carácter festivo de sus movilizaciones que atrae a propios y curiosos a unirse a sus acciones en la calle sin poder determinar que gente es manifestante y cuál es espectadora.

Personalmente, y soy conciente que esto puede parecer reaccionario, no comparto el modo de vida, ni los ideales que se propone como alternativos, no me gusta el "circo", no creo que sea un arte popular o revolucionario tal y como lo entendía por ejemplo Trotsky, porque generalmente no lleva ninguna reflexión revolucionaría asociada ni aporta nada al cambio social. Creo que más bien es la promoción de un medio de vida, sólo accesible para ciertas clases sociales, desde el cuál algunos pretenden buscar la admiración y la diferenciación individualista de la masa.

El compromiso real con el cambio implica una reflexión sobre cuales son los medios existentes para dicho cambio, implica crear estructuras promotoras del cambio permanentes que sean capaces de hacer avanzar a la sociedad en una determinada dirección mediante metas que sean alcanzables colectivamente.

Vivimos en unos tiempos donde lo más fácil es laissez faire o mirar a todo y todos con desconfianza y donde aquellos que infravaloran el compromiso real se erigen en profetas de un mundo mejor posible que exclusivamente ellos pretender vivir.
Que no os seduzcan los cantos de sirena, si el socialismo es cambio y exige compromiso, actualmente, en esto, nadie nos puede adelantar por la izquierda.

Néstor Cabañas

“el compromiso real con el cambio”

  1. Blogger Manuel Domínguez i Jimeno Says:

    Estoy totalmente de acuerdo contigo. Los que estamos en la universidad lo vemos a diario en las "asambleas de estudiantes" que organizan actos supuestamente reivindicativos en defensa de la universidad pública, tales como montar dos tiendas de campaña en medio del patio o una carmanyolada popular, pero cuando han de poner sus reivindaciones por escrito son incapaces de redactar algo mínimamente coherente. Se limitan a una sarta de soflamas inconexas entre sí, a un copia y pega elemental de manifiestos anteriores carentes de toda reflexión.